GUERRA Y MEDIO AMBIENTE ¿Cuál es su relación?

GUERRA Y MEDIO AMBIENTE ¿Cuál es su relación?

Puede que os estéis preguntando ¿por qué un portal de empleo escribe sobre la guerra y el medio ambiente? ¿No se supone que deberiamos de hablar sobre empleo,  orientación laboral y economias de impacto?

Efectivamente, y para nosotras comprender la relación entre las guerras y los problemas medioambientales (y los beneficios económicos de la explotación de la naturaleza) es clave para comprender la transición a la economía social. Esta es nuestra misión, generar impacto, co-construir economía social y transicionar a una sociedad más justa y sostenible. Por ello sentimos el deber y responsabilidad de tratar temas que aunque no tengan una relación clara, tienen consecuencias directas en la vida de otras personas y la salud de nuestro planeta.

Esta es nuestra propuesta de valor y lo que nos mueve cada dia en Emplogreen Ecosocial, un portal de empleo con aspiraciones a transformar la sociedad a través del impacto positivo.


En los últimos 60 años el 40% de los conflictos armados se iniciaron por una lucha por los  recursos naturales. Un estudio de La Organización de las Naciones Unidas (ONU) apunta a que los conflictos aumentarán al mismo ritmo que los recursos naturales se agotan. En este artículo queremos explicarte la relación entre la guerra y el medio ambiente. Y os damos una pista: los recursos naturales están de por medio (y se están agotando).


¿De qué recursos estamos hablando? En su gran mayoría se trata de petróleo, agua, tierra y minerales.

Causas de las guerras de hoy y del mañana

La ONU apunta que este tipo de conflictos aumentarán en los próximos años debido a:

  • El cambio climático: el calentamiento global y la contaminación provocan cambios en el comportamiento de los factores climáticos. Las consecuencias son: aumento de sequías, desertificación, inundaciones, lluvias torrenciales extremas, etc. Esto se traduce en la degradación del medio natural, por lo que ciertas actividades agrícolas no puedan seguir realizándose en lugares donde eran tradicionales. Por lo tanto la búsqueda de nuevos territorios para explotar sus recursos naturales se acentuará. 
  • Aumento de la población: Nunca antes en la historia de la especie humana habíamos sido tantas personas habitando el mundo. Si miramos este punto con perspectiva, se entiende que para sostener la vida de más personas debemos producir más alimentos, más coches, más casas y extraer más agua, con su correspondiente contaminación. A pesar de ello, debemos tener en cuenta que no todas las personas consumen la misma cantidad de recursos. Por ejemplo, para que en todo el mundo se pudiese consumir como en el Estado Español necesitaríamos 3 planetas. 
  • Aumento del consumo: La clave para que nuestra economía actual funcione «bien» es aumentar las necesidades de las personas para que consuman más. Todo esto depende directamente de la extracción de recursos naturales. Para extraer recursos naturales hace falta energía, que se consigue: con más recursos naturales. ¿Os suena aquello de que el PIB debe aumentar un tanto por ciento cada año? A eso le llamamos crecimiento infinito. Eso no sería un problema si la regeneración de recursos también creciera infinitamente. Pero el petróleo y los minerales no se pueden reproducir de manera natural. 
  • Degradación medioambiental: El planeta no tiene tiempo de reponer sus recursos al mismo ritmo que nosotras los explotamos. Sin embargo, necesita reponerse porque de ello depende la habitabilidad del planeta. Debido al ritmo frenético al que lo estamos exponiendo se producen procesos de: desertificación, acidificación de los océanos, incendios forestales, pérdida de biodiversidad, aumento de enfermedades infecciosas… Y volvemos a empezar. 

Debemos tener en cuenta que los recursos del medio ambiente son limitados, mientras que parece que el uso que hacemos de ellos es ilimitado. La mayoría de nosotras no tenemos en cuenta ni conocemos las reservas que quedan de estos materiales en el mundo. Ni siquiera nos lo preguntamos (y son imprescindibles en nuestro día a día).


Por otro lado, las guerras son financiadas por el dinero recaudado de la explotación del medio ambiente. ¿El objetivo? seguir teniendo su propiedad o apropiarse de los recursos. En el Congo, por ejemplo, se llegaron a invertir 100.000 millones de dólares en conflictos armados . Esta dinámica hace que entremos en un bucle de retroalimentación en el que la naturaleza siempre es la que sale más perjudicada y con ello la sociedad civil.

Pero, ¿quién gana con estas guerras y conflictos?

Muy fácil, las multinacionales que comercializan este producto tan preciado. Las grandes corporaciones también  financian estas guerras para poder seguir extrayendo al máximo rendimiento y así aumentar sus beneficios. Lógico, ¿no?

Pues esto que parece tan sencillo de entender se nos oculta a nosotras como ciudadanas y como consumidoras. Porque el objetivo final recae en nosotras mismas, en nuestro consumo. Por eso nunca verás en las etiquetas de los productos que consumes el origen de todos y cada uno de los productos que realmente estás comprando. 

Pongamos un ejemplo. Quiero merendar y me apetece comprarme unas galletas. Aunque las galletas se comercialicen desde la sucursal que tiene la multinacional en (seguramente) una gran ciudad de tu país, esas galletas también contienen productos importados que vienen del otro lado del planeta (como el aceite de palma o el plástico del envoltorio). Pero esa información no consta en el etiquetado. Como no está, parece que “no existe”, y así se oculta parte de la realidad.


Imaginemos por un instante que en el etiquetado se nos informe realmente del origen de todos los componentes y de cómo se han obtenido. Veamos un ejemplo: 

Ha sido posible envolver este producto gracias a la explotación laboral de miles de ciudadanos y ciudadanas de áreas rurales chinas de todas las edades. Para que lo puedas comprar más barato, hemos optado por el aceite de palma y para conseguirlo cada año talamos 1000 hectáreas de bosque indonesio, dejando sin hábitat natural a miles de especies, entre ellas algunas en peligro de extinción. Para acercarlo a tu supermercado más cercano de media usamos 60 toneladas de carburante con la emisión de CO2 que ello comporta. 

Juntos trabajamos para hacer tu merienda un momento único. 


¿Qué podemos hacer nosotras para evitarlo?

  • Muchos de los productos que consumimos tienen su origen directo o indirecto en países en conflictos armados, si consumimos productos de comercio justo rebajamos esa posibilidad, además contribuimos a que las personas que han trabajado para que lo podamos obtener tengan un salario digno. 
  • Consumiendo productos ecológicos evitamos la contaminación de millones de hectáreas de tierra fértil (además de los químicos que dejaremos de comernos) por lo que no hay necesidad de migraciones climáticas y los conflicos que ello conlleva.
  • Informarnos: La gran amalgama del tejido empresarial dificulta conocer el origen de las cosas, pero hay muchos estudios e investigaciones en periódicos y revistas de referencia que pueden arrojar luz, como El Salto Diario.
  • Hacer una pequeña investigación sobre de dónde vienen los productos que consumimos.
  • Tener el dinero en una banca ética, donde no se reinvierte (directa o indirectamente) en conflictos armados. Muchos de los principales bancos invierten en negocios relacionados con la guerra, como con la fabricación de armamento, de munición, etc. 
  • En definitiva: Reducir el consumo, reciclar, reparar y reutilizar y por supuesto: ¡informarse!

Pongamos nuestro granito de arena para que la guerra y el medio ambiente dejen de ser dos conceptos que se retroalimentan. Que la guerra caiga en el olvido y que el medio ambiente renazca con toda su fuerza.

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